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Heitor Villa Lobos (1887-1959)
 

 


Fue con la llegada del siglo XX que la música de arte en Brasil comenzó a revelar una identidad propia. Aunque hasta entonces sólo algunos compositores, entre ellos Alexandre Levy, habían incorporado elementos nativos en sus obras, no sería sino Alberto Nepomuceno el primero en establecer en forma consciente un estilo local.  Después vino Heitor Villa-Lobos y concretó dicho afán con un lenguaje que adaptó toda la tradición europea a la cultura urbana y campesina de su patria. Gracias a ello Villa-Lobos se transformó en una figura relevante del arte brasileño y en un ejemplo para muchos compositores de Latinoamérica.

Villa-Lobos se adentró a temprana edad en la vida musical bohemia citadina y rural de su país, accediendo así a varias formas de arte popular, asimilando sus características típicas y recogiendo melodías que usaría más tarde. De su padre había aprendido a tocar el cello y recibido sus primeros conocimientos de música, mientras que con libros y partituras analizó obras de los grandes maestros de manera autodidacta.

Pero aún hubo otro elemento que complementó lo aprendido tan informalmente, la habilidad para improvisar en guitarra que pudo adquirir durante la época en que tocaba junto a otros músicos en cafés, cines y lugares de entretención popular.  No hay duda que la personalidad de Villa-Lobos también marcó su carrera, y de hecho, cuando intentó someterse a la disciplinada enseñanza formal pronto dejó las clases para componer e interpretar siguiendo lo espontáneo y original de sus propios cánones. Alrededor de 1915 comenzó a presentar conciertos con sus obras y rápidamente captó la atención de las audiencias. Luego su talento fue reconocido y consiguió apoyo estatal para viajar a Europa.

En París centró sus actividades desde 1923 a 1930, pero realizó giras a otros países del Viejo Continente y periódicamente volvió a América. Lo cierto es que su música ganó notoriedad entusiasmando sobre todo a los círculos vanguardistas gracias a su novedosa incorporación de elementos indígenas.

En esos años el alejamiento de su país reavivó su afinidad con la música brasileña, dando como resultado el que su estilo permeado de lo nativo alcanzara un punto culminante en los Choros, un monumental ciclo conformado por 14 obras para distintas combinaciones de instrumentos, desde solistas a orquesta, e incluso voces.

Las piezas nombradas en honor a los músicos ambulantes de Brasil, están compuestas para diferentes formaciones instrumentales que comprenden desde un piano único a una orquesta completa con instrumentos brasileños de percusión y coro, como sucede en la obra maestra de la serie, Choros No.10, escrita en 1926.

El domingo 15 a las 12:00 del día presentaremos, en la audición El Músico de la semana, Choros No.10, en versión de los BBC Singers y la New World Symphony bajo la dirección de Michael Tilson Thomas.
 
El programa se complementará con las siguientes obras:

-Concierto para guitarra y orquesta
- A Prole do Bebé para piano
-Bachianas Brasileiras No.7
-Cuarteto para cuerdas No.5 y
-Cuatro Preludios para guitarra.
El Carnaval op.9, de Robert Schumann
Federico Chopin (1810-1849)
Cien años de nacimiento del director de orquesta Jean Fournet
Franz Liszt fue un gran pianista
Gustav Mahler en su calidad de director de orquesta
Alejandro Tobar (1907-1975)
Alexandre Glazunov (1865-1936)
Samuel Barber (1910-1981)
Wolfgang Sawallisch (1923-2013)
Las Mazurkas de Federico Chopin
¿Cuál ha sido su experiencia con la música de Wagner?
Comentario Juan Camilo Vergara, corresponsal desde París
El Louvre de Medio Oriente.